Bibiana Medialdea: “El instrumento para conseguir la socialización de las pérdidas es la deuda”

Todo sobre la deuda

El economista Eduardo Garzón comienza su ponencia explicando lo que busca ATTAC-UCM: comprender lo que está ocurriendo en la actualidad económica con una perspectiva crítica, contribuir a que más gente lo comprenda, abrir foros de debates, concienciar y auto-concienciarnos. Porque –continúa explicando- ATTAC-UCM es una asociación que está abierta a todo aquél que desee colaborar, aprender y ser parte de algo que va un poquito más allá de lo mecánicamente obvio, es decir, estrechar lazos de amistad, por encima de las diferencias ideológicas o gracias a ellas.

Después de presentar a Bibiana Medialdea, profesora de economía en la Universidad Complutense, Eduardo Garzón pasa a centrarse en el tema que da pie a este debate: la deuda. No es un tema baladí, la deuda afecta, directa o indirectamente, a muchos, muchísimos ámbitos, entre ellos, la educación. Así pues, Garzón empieza a desgranar en datos y a través de gráficos las cifras de esa masa informe y desconocida que supone, para la mayoría de los mortales, la deuda española. Con este análisis, pretende contribuir a acabar con algunas ideas simplistas que los españoles tenemos grabadas a fuego en la cabeza, lo que, seguramente, se deba a motivaciones poco inocentes.

Dicen, muchos, que tenemos una deuda pública desorbitada fruto de la mala praxis de las administraciones públicas. Entonces da un dato importante: de los 8.100 municipios que existen en territorio español, 6.000 no se endeudaron absolutamente nada, ni siquiera en la época dorada del boom inmobiliario. La mayor parte de la deuda española es, hoy, privada. A finales de 2011 –nótese que en esta época la socialización de pérdidas y la conversión de deuda privada en pública ya habían comenzado- el porcentaje de deuda pública sobre el total era del 19,1. Sin embargo, el monto de endeudamiento de las grandes empresas (aquellas que tienen más de 250 empleados) y de los bancos suponía el 57,3% del total. Otra nueva nota: esas grandes empresas representan hoy tan sólo el 0,15% de las empresas que existen en la economía española. El resto, pequeñas y medianas empresas (cuya participación en la economía es, consecuentemente, mucho mayor) son responsables del 3% de la deuda española.

Le toca el turno, finalmente, a las familias, que cargan bajo sus hombros una deuda que constituye el 20,6% del total. Una realidad que contrasta con el mantra de que “todos hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”, sobre todo cuando esa quinta parte de deuda se analiza un poco más a fondo. Así, sólo la mitad de las familias está, hoy por hoy, endeudada. Pero además, no todos los núcleos familiares se endeudaron por igual. El 10% más rico se endeudó en casi el 65% de los casos. El 20% más pobre, apenas en un 16% de los casos. De este último porcentaje, hay que destacar que casi el 75% de las familias arrastra deuda para pagar una primera vivienda. Frente a ello, la mayoría más adinerada compró segundas y terceras viviendas, en muchas ocasiones con el único propósito de especular y contribuyendo, en cualquier caso, al alza del precio de la vivienda. Y, no lo olvidemos, mientras los precios de las viviendas volaban, la masa salarial seguía la dirección contraria, esto es, una tendencia a la baja que continuaba año tras año, mermando la capacidad adquisitiva de los trabajadores.

Explica entonces Garzón el funcionamiento del apalancamiento, un fenómeno que supone el alcance de mayor rentabilidad a la hora de hacer una actividad con dinero prestado y no con dinero propio. En este estado de cosas, queda ya claro que la deuda es, por encima de todo, un negocio. Y toma la palabra Bibiana Medialdea, diciendo que, ahora que sabemos de dónde viene la deuda, es importante hablar de cómo se está pagando y qué grupos sociales lo están haciendo.

Queda claro que grandes empresas y sector financiero se endeudaron más y más hasta que comienza el fatídico año 2007. Con la llegada de la crisis, esa deuda que unos pocos tenían no se quedó quieta. Del sector financiero privado la deuda viajó, al amparo de los gobiernos, al sector público. Así, la parte acreedora se lucra de este gran negocio que constituye la deuda. Esa parte acreedora no es otra que el sector financiero privado, que cuenta en su haber con el 95% de la deuda pública española. Finalmente, esta deuda –que tiene su origen en el salvamento del sector financiero privado y que constituye un claro negocio para este mismo sector- es pagada en mayor medida por quien menos tiene.

Estas afirmaciones pueden demostrarse, de primeras, en un escenario de normalidad. Es decir, un momento en el que el Estado español paga una deuda y unos intereses con sus ingresos sin problemas. Estos ingresos provienen de los impuestos en tres cuartas partes de los casos. Eso sí, hay que tener en cuenta que el 75% de los impuestos se obtienen de las rentas del trabajo y tan sólo el 25% de las rentas del capital. Además, la mayor parte del fraude fiscal proviene de las grandes empresas y de los grandes patrimonios. De esta manera, tenemos un pequeño sector que se apropia de la mitad de la renta y que paga pocos impuestos, y por otro lado al resto de la población, que financia la mayor parte del gasto público y, en consecuencia, la deuda. El pago de la deuda es, por tanto, un mecanismo de socialización de pérdidas. Paga más quien menos tiene, y lo hace para rescatar a unos bancos a los que luego se les paga, a su vez, unos intereses por la deuda pública que han contraído.

Este orden de cosas claramente injusto puede ir a peor, lo hace cuando el Estado comienza a tener dificultades para abonar su deuda porque se produce una pérdida de confianza. Es decir, lo que ocurre en España desde mayo de 2010. Los intereses son mayores y el esfuerzo para pagarlos, en consecuencia, crece también. Esos esfuerzos se traducen en recortes en servicios públicos. Y de una manera, además, muy directa y muy visible: el recorte del gasto destinado a servicios públicos fue, en 2012, de 40.000 millones de euros, mientras la cifra de intereses asciende a 38.000. La necesidad de credibilidad supone un efecto indirecto sobre el destino del gasto público: se llevan a cabo “políticas de austeridad” con el fin de lanzar a los mercados el mensaje de que se hará todo lo posible para pagar la deuda, como alargar la edad de jubilación o llevar a la Constitución el pago prioritario de los intereses sobre otros temas. Son elementos que no producen efectos a corto plazo, el objetivo es el de conseguir que los mercados se fíen del Estado en cuestión. Estas políticas de austeridad afectan, sobre todo, a los sectores más pobres de la población.

Conforme esto va ocurriendo, se nos lanzan mensajes que aseguran que el rescate a España no es como el que han sufrido otros países de la Unión Europea. Bibiana Medialdea niega esta afirmación: es un rescate, en tanto se concedería a España más deuda. El negocio que supone la deuda, por tanto, se incrementa, de hecho, hay tres razones por las que el sector financiero privado sale especialmente beneficiado del rescate: consigue seguir ingresando cuando la situación normal sería de impago; las semanas que preceden y suceden a un rescate son muy propicias a la especulación y los ingresos por especulación son muy altos; el rescate suele ir acompañado de una reestructuración de la deuda, lo que implica un aumento de los intereses. Así, la deuda se utiliza para pasar a la población una factura que no le corresponde.

Por supuesto, hay alternativas. Cualquiera de ellas, no obstante, supone cuestionar la forma actual del pago de la deuda y realizar una auditoría de la deuda. Habría que decidir qué deuda pagar y cuál no, tanto la deuda pública como, también, la deuda hipotecaria de familias que buscaban acceder a su primera vivienda. Habría que decidir también cómo pagar y quién debe pagar la deuda que se decidiese sufragar.

Acabadas las ponencias y recibido el aplauso, comienza el debate. Una ronda de preguntas y comentarios da paso a las respuestas de los ponentes. Se trata el tema del impago. Bibiana Medialdea asegura que no es algo tan terrible como se plantea. Las empresas tienen una legislación que marca los pasos a dar en caso de impago y es un hecho que se dan situaciones de impago en muchas ocasiones. Además, el riesgo que contraen las empresas financieras cuando dejan dinero se les retribuye y queda, de esta forma, asumido por las mismas. Lo que hay que hacer es sentar a negociar a ambas partes, y hay que hacerlo porque en la medida en que la parte acreedora pueda no asumir su responsabilidad, no lo hará. Para conseguir esto, el deudor tiene un poder inmenso, el de lanzar un órdago y decir que no pagará la deuda, como hizo Argentina y como hizo Ecuador.

Respecto al actual debate en torno a Europa y al euro (seguir, no seguir, seguir a medias…), la profesora de economía no se pronuncia de forma clara. En su lugar, señala las ventajas y desventajas de la opción de quedarse y de la de salir. En lo tocante a esta última, España podría en ese caso controlar su política económica, esto es, gestionar el tipo de cambio, el gasto público, la impresión de billetes…. Pero la nueva moneda se devaluaría muchísimo, entre un 30 y un 50 por ciento, incrementándose la deuda, que seguiría en euros, y perdiendo la población un importante monto en su capacidad adquisitiva.

Hay una opción que supondría quedarnos en el primer escenario (el de seguir en el euro) pero en unas condiciones diferentes. La idea sería salir de la polémica euro sí/ euro no y centrarse en el cuestionamiento de la austeridad y de la deuda, a través de estrategias que impliquen una alianza de varios países de la Unión, para hacer valer su peso dentro de ésta y respecto a los acreedores. La declaración de un impago por parte de todas las economías periféricas europeas sería extremadamente positiva en el afán de conseguir que las políticas cambien y que la deuda no se pague por entero y en sus condiciones actuales.

Los ejemplos latinoamericanos son especialmente relevantes para el tema que estamos tratando. De sus experiencias, deberíamos sacar lecciones. En la crisis de los ochenta, el Fondo Monetario Internacional puso todo su empeño en que las negociaciones sobre la deuda se hiciesen caso por caso, para debilitar la capacidad de negociación de los afectados, reestructurándose finalmente las deudas pero a costa de pagar primero los intereses, alargar enormemente los plazos, etc. En el otro lado de la moneda se encuentran Argentina y Ecuador. Estos países se plantaron y consiguieron una renegociación de la deuda muy favorable.

Finalmente y después de una segunda ronda de preguntas, de que Eduardo Garzón explicase un poco más el fenómeno del apalancamiento y de que Bibiana Medialdea diferenciase entre deuda odiosa y deuda ilegítima y cuestionase la falta de legitimidad democrática del sistema capitalista “cuando vienen mal dadas”, el debate se da por terminado. Las ponencias han sido especialmente clarificadoras y la discusión, muy rica. La deuda ya no parece una masa informe y desconocida, ahora es fácil verla llena de ojos, de apellidos y de culpables.

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